jueves, agosto 17

VACACIONES

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Feliz verano!!

domingo, junio 4

La clave para resistir la tentación del chocolate está en la 'defusión cognitiva'.



Los amantes del chocolate conocen muy bien las dificultades de resistirse al sabroso chocolate. Una vez que la idea de comer chocolate entra en nuestra mente es casi imposible de ignorar. Sin embargo, una investigación de la Universidad de Flinders (Australia) sugiere que una técnica psicológica dividida en dos etapas podría ayudar a eliminar ese antojo irrefrenable.

Los investigadores descubrieron cómo la defusión cognitiva y las imágenes guiadas ayudaron a disminuir el deseo de comer chocolate entre un grupo de mujeres jóvenes que ansiaban satisfacer ese deseo con cacao.

Tomar chocolate con moderación es beneficioso para la salud, pero si nos pasamos, las consecuencias no deben pasarse por alto, ya que su alto contenido de grasa y azúcar puede aumentar el riesgo de obesidad y de patologías asociadas como presión arterial alta, diabetes y enfermedades del corazón.

Entonces, ¿cómo podemos erradicar esos pensamientos que nos hacen pensar en chocolate? El estudio exploró la idea de que los pensamientos iniciales sobre un objeto deseable son amplificados por las imágenes mentales. ¿Se podrían dirigir esos pensamientos para reducir el antojo de chocolate?
Los científicos probaron esta teoría realizando dos experimentos. El primer experimento contó con la participación de un grupo de 94 mujeres jóvenes, mientras que el segundo implicó a un grupo de 97 mujeres jóvenes que afirmaban querer reducir su deseo de comer chocolate. En ambos experimentos, las participantes fueron asignados al azar para recibir terapia de defusión cognitiva, imágenes guiadas o formar parte del grupo de control.

La difusión cognitiva se centra en tomar la iniciativa para alejarse del pensamiento que se desea, esto es, el chocolate para darnos cuenta de que no necesitamos responder a estos pensamientos con la acción (comerlo). Respecto a las imágenes guiadas, es la etapa en la que empezamos a imaginar cómo sería oler y comer chocolate. A continuación, se sustituyen estos pensamientos con imágenes guiadas, esto es, imágenes no relacionadas con el chocolate como pueden ser un bosque o una playa.

En ambos grupos, los investigadores compararon la aparición de pensamientos relacionados con el chocolate antes y después de cada intervención, así como la intensidad de los antojos, la vivacidad de las imágenes y el consumo de chocolate.

Los investigadores descubrieron que la defusión cognitiva condujo a una reducción de los pensamientos intrusivos, la vivacidad de las imágenes y la intensidad del deseo en ambos grupos, mientras que las imágenes guiadas condujeron a reducciones en los pensamientos relacionados con el chocolate, la intrusión, la vivacidad de las imágenes y la intensidad del deseo.

Aunque el consumo de chocolate no difirió entre los grupos, los investigadores creen que sus hallazgos indican que la participación en una mayor conciencia de uno mismo cuando aparecen los pensamientos sobre el chocolate, podría detenernos de sucumbir a los antojos.

"Si abordamos la cuestión cuando aparece por primera vez en nuestra mente - sobre todo si no se tiene hambre - entonces es mucho más fácil que esperar a que los antojos cojan fuerza. Aprender a cortar estos deseos nada más surgir, dándose una distracción constructiva como imaginar un paseo en un bosque, puede ayudar a reducir la intrusión de los pensamientos y la vivacidad de las imágenes. Descubrimos que era importante dirigir los primeros pensamientos de antojo antes de que se convirtieran en antojos"


Fuente: http://www.muyinteresante.es/salud/articulo/como-resistirse-al-chocolate-511493206127

¿Por qué las dietas hipocalóricas fracasan?



Un equipo de científicos de la Universidad de Cambridge publica un estudio que revela cómo nuestro propio cerebro activa sus mecanismos de defensa ante la falta de comida y, literalmente, nos boicotea el plan de régimen.
"Las estrategias para perder peso pueden ser ineficientes porque el cuerpo funciona como un termostato y asocia la cantidad de calorías que quemamos a la cantidad que hemos comido", explica Clémence Blouet, uno de los autores del trabajo. "Cuando comemos menos, nuestro cuerpo lo compensa y quema menos calorías, dificultando la pérdida de peso. Sabíamos que el organismo es capaz de regular este termostato calórico, pero el cómo lo consigue era un misterio".
Los investigadores se centraron en una estructura localizada en el hipotálamo y que ayuda a regular la cantidad de comida ingerida. Se trata de un grupo de neuronas denominadas AGRP que al activarse provocan el aumento de apetito, y al inhibirse lo disminuyen.
Valiéndose de un truco genético para 'apagar' o 'encender' estas neuronas, los autores del trabajo estudiaron el comportamiento de ratones situados en unas cámaras especiales en las que se podía medir el gasto energético en términos de temperatura, y donde se variaba la cantidad de comida disponible.
Los resultados revelaron que las neuronas AGRP no solo regulan el apetito, sino que también son capaces en influir en el gasto energético en función de la cantidad de comida disponible. Cuando se activaban, los ratones comían más, pero cuando no había comida disponible, la consecuencia era una disminución en el gasto energético, limitando el número de calorías que se queman y por tanto la pérdida de peso. Tan pronto como volvía a haber comida disponible, este efecto se interrumpía y el gasto energético volvía a valores normales.
Este mecanismo ha perdurado a lo largo de la evolución para defendernos en épocas de hambruna, pero hoy puede chafarnos la dieta.
Se trata pues de un mecanismo que ha perdurado a lo largo de la evolución para defendernos en épocas de hambruna, pero que hoy supone un fastidio para las personas que desean perder peso. En ellas, la dieta es poco efectiva, pues el organismo compensa la reducción de calorías.



Fuente: http://www.muyinteresante.es/salud/articulo/por-que-las-neuronas-nos-boicotean-cuando-hacemos-dieta-581495799536

Siete cosas que deberías saber sobre tu digestión



1. La capacidad del estómago es de 1,5 litros. Pero cuando comemos se estira, tanto que puede llegar a duplicar su tamaño.

2. Cuando la comida alcanza el estómago, este se comprime cada 20 segundos para mezclarla. Los alimentos pasan de 3 a 4 horas en el estómago, y de 6 a 20 en el intestino grueso, el siguiente órgano del tubo digestivo.

3. El jugo gástrico es un líquido que contiene ácido clorhídrico en una proporción del 1 al 4 %.  El cianuro de sodio en contacto con el ácido clorhídrico del jugo gástrico se transforma en ácido cianhídrico, el veneno más rápido y letal: 0,01 gramos es suficiente cantidad para matar a una persona en 30 segundos.

4. Los movimientos peristálticos conducen el alimento por el tubo digestivo. Por eso es posible comer boca abajo.

5. Si extendiéramos por completo el intestino delgado de un adulto humano mediría unos 6 metros de longitud. Y el área total de su superficie (llena de pliegues y vellosidades) es de 300 m2, equivalente al tamaño de una pista de tenis.

6. El estrés cambia el tipo, el número y la diversidad de las bacterias que viven en el estómago. Dado que estos microbios regulan la función inmune, es más fácil que se inflame el estómago y que contraigamos enfermedades si nos estresamos.

7. De los alimentos se obtienen, fundamentalmente, tres tipos de sustancias nutritivas: carbohidratos, que se oxidan cuando se necesitan o, si sobran, se almacenan en forma de glucógeno; grasas, que se oxidan y se almacenan; y proteínas, que pueden formar tejidos (por ejemplo, músculo), oxidarse o participar en la síntesis de aminoácidos y grasas. Los alimentos oxidados producen calorías. Concretamente, un gramo de carbohidratos o un gramo de proteínas produce 4 calorías; mientras que un gramo de grasa produce 9.


Fuente: http://www.muyinteresante.es/salud/articulo/siete-cosas-que-deberias-saber-sobre-tu-digestion