lunes, enero 2

Cambiar los hábitos que nos han acompañado durante mucho tiempo es una dura tarea



Cambiar los hábitos que nos han acompañado durante mucho tiempo es una dura tarea, aunque esto no significa que no se pueda realizar, todo lo contrario, es posible. Sin duda es el reto de todas las personas que quieren empezar a cuidarse o aquellas que quieren perder peso. Posiblemente sea el momento de disminuir las horas de ver la televisión para practicar más actividad física, no consumir todos los alimentos que nos apetecen e incluso algunas veces puede que sea el momento de enfrentarnos a nuestros miedos más profundos para conseguir alcanzar los objetivos. Todas estas tareas forman parte de un gran reto que se puede resumir en la incorporación de unos buenos hábitos en nuestra vida cotidiana.


Desde el momento que has decidido empezar te habrá despertado multitud de pregunta. Posiblemente, una de ellas podría ser: ¿Qué tengo que cambiar y cómo lo hago?, es decir te estarás preguntando qué tienes que hacer para perder peso. Es posible que no sea tu primer intento y puede que en alguna ocasión no lo hayas conseguido de forma permanente. En general, es frecuente la dificultad para perder peso en las personas obesas, ellas suelen tener más dificultades en comparación con la población delgada, además es una dificultad que es muy difícil de comprender si no se vive. 

Un ejemplo de estas dificultades se puede hallar en el inicio de la práctica de actividad física o a la hora de disminuir la cantidad de alimentos que comemos; son situaciones que la población no obesa en general no puede entender.


Como te puedes imaginar, no todos tenemos las mismas dificultades para modificar los hábitos, algunos quizás tengan problemas en la incorporación del deporte, otros puede que la comida suponga la recompensa después de un día de esfuerzo o puede que la alimentación sea la última alternativa para afrontar alguna situación. Por lo que tenemos que tener claro la existencia de diferentes tipos de dificultades para conseguir los hábitos adecuados, y por tanto es necesario tener tratamientos personalizados.



Fuente: Ahora que he decidido luchar con esperanza.

domingo, noviembre 20

Cómo debo caminar para perder peso rápido



Caminar es una de las actividades más beneficiosas para la salud debido a sus múltiples propiedades. Incluso en los últimos tiempos se ha convertido en un perfecto sustitutivo de las sesiones de gimnasio o incluso del running, en donde el daño que sufren los deportistas resulta mucho mayor. Además se encuentra al alcance de cualquier persona, al margen de la edad o situación económica. Entre otras cosas nos permite mejorar el sistema cardiovascular y la respiración, pero también sirve para quemar calorías. A continuación, te explicamos cómo debo caminar para perder peso rápido y de una manera cómoda.
La idea de adelgazar requiere de un cierto sacrificio, por lo que tendremos que tomarnos las cosas muy en serio. Eso no implica que haya que obsesionarse con el trabajo físico. Afróntalo como un reto más, en donde te vayas marcando fases y puedas ir comprobando las evoluciones en la báscula.
Caminar a paso ligero resulta una opción muy sencilla y apta para cualquier persona. Hay mucha gente que confunde el paseo con la caminata intensa. La primera opción no tiene tantos beneficios para la salud como la segunda. Es importante encontrar un ritmo y una velocidad en los que nos encontremos cómodos y nos permita andar con la técnica adecuada. En una persona adulta, el ritmo adecuado para perder peso puede oscilar entre los 5 y los 6,5 kilómetros por hora de media.

Regularidad en las sesiones
La constancia resulta esencial a la hora de conseguir resultados. De poco servirá si sólo nos dedicamos a caminar los fines de semana y el resto de días nos quedamos en casa reposando. Lo aconsejable sería como mínimo una media hora de ejercicio al día, hasta llegar a los 150 minutos semanales.
Nunca se debe descuidar la técnica. El número de músculos que participen en la actividad también implicarán una mayor quema de calorías. No basta con andar rápido, también se necesita acompañar con el balanceo de brazos.
La velocidad y la intensidad desempeñan un papel esencial en nuestro propósito de adelgazar caminando. La intensidad hace referencia a la frecuencia cardíaca, a las pulsaciones que alcanza nuestro corazón. Para ello es preciso conocer la frecuencia cardiaca máxima de cada uno, que en cierta manera determinará la intensidad.
Una actividad física exigente nos llevará a entrenar con entre un 60 y un 80% de nuestras posibilidades. Para conocer la frecuencia cardiaca máxima se utiliza la fórmula de 220 menos la edad. A partir de ahí debe aplicarse el tanto por ciento con el que debemos trabajar.

Calorías perdidas
Muchas de las personas que intentan perder peso muestran un especial interés por la quema de calorías. Sin embargo, no resulta sencillo cuantificarlas. Un hombre puede llegar a quemar entre 88 y 124 cada 1,5 kilómetros a un ritmo de 5 km/h, mientras que las mujeres entre 74 y 105 calorías.
Los cambios de ritmo pueden ser una estupenda medida para adelgazar al tiempo que caminamos. Se trata de incluir tramos a distintas velocidades. Por ejemplo, puedes caminar con cierta intensidad durante cinco minutos y después reducir otros diez minutos el ritmo, para hacer varias repeticiones. Tampoco estaría nada mal completar el entrenamiento con unos minutos de abdominales y sentadillas.
En lo que se refiere a la postura que debe adoptar el cuerpo a la hora de caminar, lo mejor es respetar las siguientes indicaciones:
-Pasos cortos y rápidos, en donde no se fuerce la zancada en ningún momento.-Pecho recto y hombros relajados.
- Aterriza en el suelo con el talón e impúlsate con la parte delantera del pie.
- La cabeza debe mirar siempre al frente, nunca al suelo.
- Los brazos hay que llevarlos flexionados, unos 90 grados, para que nos aporten impulso.
  Por último, en cuanto a la respiración, ésta debe ser muy profunda, cogiendo mucha cantidad de aire y expulsándolo despacio por la boca. Se trata básicamente de adquirir el hábito para hacerlo correctamente.

Fuente: https://okdiario.com/vida-sana/2016/11/18/debo-caminar-perder-peso-rapido-22861

martes, septiembre 20

Cómo hablarle a un hijo con sobrepeso


Como padres, es normal preocuparse por la salud de los hijos. Dado que hay una creciente preocupación por la obesidad infantil, sería difícil no preocuparse si un hijo está excedido de peso. La pregunta que muchos padres en esa posición se hacen es "¿Debería decirle algo a mi hijo sobre su peso o no?".

La investigación sugiere que no debería hacerse, porque hacer comentarios a un niño sobre su peso –tanto si se trata de una broma, una crítica o un consejo– puede ser contraproducente. Más que llevar a cambios saludables, este tipo de comentarios de familiares contribuye a forjar una imagen corporal negativa. Esto puede llevar a que se gane peso, y se desarrolle obesidad y desórdenes alimenticios en la adolescencia y la adultez.

En lugar de alentar los comportamientos saludables, puede incrementar el riesgo de comer sin control o de métodos de control de peso poco sanos, como saltearse comidas, ayunar, vomitar o usar píldoras para adelgazar y laxantes. El costo emocional del estigma del peso es estresante y hace posible que se desencadene una ingesta excesiva de comida como un mecanismo de protección, lo que puede contribuir a ganar peso.

Los efectos secundarios de los comentarios vinculados al peso no solo afectan a los niños con sobrepeso. Cuando los niños de peso promedio reciben muchos comentarios sobre el peso, es más probable que desarrollen una mala imagen corporal. Por otra parte, hablar con un hijo sobre alimentación saludable, sin mencionar el peso, puede reducir el riesgo de comportamientos poco saludables.

Ser un modelo saludable

Una dieta pobre y la inactividad física contribuyen a que se gane peso, así como a que se contraiga enfermedades crónicas. Los padres son los principales modelos para la alimentación y las actividades, y diversas investigaciones sugieren que cuando los padres hacen sus propias comidas saludables y cambian su actividad ejercen un impacto benéfico en los niños más eficaz que la intervención directa.

Un padre también influencia en las elecciones nutricionales compartiendo comidas, eligiendo qué platos están disponibles en casa y marcando el tono de "esto es lo que come nuestra familia".

Limitar el tiempo de pantalla y el sedentarismo

Los niños necesitan 60 minutos de actividad física entre moderada y vigorosa por día para conservar un buen estado de salud. La investigación sugiere que, si se quiere niños más activos, lo que se hace es más importante que lo que se dice. Buscar pasatiempos en los que pueda involucrarse toda la familia, aunque sea pasear al perro o ir al parque es una buena opción. También es bueno tener en cuenta que pueden realizarse pequeñas cantidades de ejercicio que suman al total diario.

Aunque el tiempo que un niño pasa frente a una pantalla es relativo en la era de las tabletas y los smartphones, una buena meta es la de limitarlo a menos de dos horas por día.

Cultivar un ambiente alimentario saludable

Las comidas saludables deben estar disponibles con facilidad. Se puede tratar de mantener frutas frescas y vegetales a la vista y snacks saludables donde el niño pueda encontrarlos. Ir a ferias de frutas y verduras con los niños y dejarlos que ayuden a elegir tanto allí como en un supermercado también es un buen recurso.

Alentar la alimentación intuitiva

Presionar a los niños para que coman una cantidad exagerada de comidas sanas puede interferir con la incapacidad de los niños de regular su propio consumo de comida. Las instrucciones como "termínate lo que tienes en el plato" condicionan a los niños a no confiar en lo que sus cuerpos les dicen.

Restringir las comidas deseadas puede llevar a una obsesión y a que las consuman en exceso cuando están disponibles (el síndrome de "la última cena"), algo que suele venir acompañado por vergüenza y culpa. Poner a disposición postres y otras comidas favoritas ocasionalmente es algo aceptable.



Fuente: http://www.elobservador.com.uy/como-hablarle-un-hijo-sobrepeso-n971636

domingo, marzo 20

Proponte tu última oportunidad

Amarse, aprobarse, confiar en nosotros y hacer las cosas para nosotros… es una buena ayuda para establecer una relación sana con la comida, y en consonancia bajar de peso.
La inseguridad, el miedo, la baja autoestima, los bloqueos mentales, las obsesiones, los problemas cotidianos que nos desbordan, etc, no ayudan a marcarse objetivos propios que nos acerquen a nuestras metas.

No sólo es cosa de nuestro aquí y ahora, demasiadas veces nuestros padres nos han premiado o reconfortado a través de la comida. Es ahí donde a veces ya siendo adultos, no refugiamos y nos consolamos de problemas y conflictos que no sabemos gestionar.
Buscamos en los armarios de la cocina, en el frigorífico, en los estantes del supermercado… ¿Qué encontramos? Encontramos falsas soluciones, que durante segundos nos hacen sentir la sensación de gozo y plenitud que nos traslada de forma inconsciente a nuestra niñez, cuando quizás ese problema o conflicto era resuelto por nuestros padres, o quizás sin más se desvanecía.

Hoy son muchas las personas que siguen buscando el consuelo inmediato en ese efímero momento, ingiriendo aquello que nos marcamos como prohibido.
Y no son estas personas seres débiles, o de personalidad quebradiza, sino auténticas heroínas, espléndidas en sus múltiples facetas de su vida. Superhéroes en el dominio de su trabajo, casa, familia y resto de propósitos que van superando a lo largo de su existencia.

¿Qué les pasa entonces con el dominio de conseguir hacer una dieta y ser dueñas de sus decisiones alimenticias?,  ¿Qué complejidad esconde dejar de comer determinados alimentos de forma temporal?, ¿Es quizás sólo una cuestión de voluntad?, ¿Quizás la motivación nunca es lo suficientemente duradera? Son muchas las preguntas, y muchas las respuestas que pueden darse para cada una, pero quizás la respuesta más importante, es que no es nada fácil dejar de hacer algo que llevamos haciendo toda una vida, y de lo que obtenemos un placer inmediato. Sí, ya  que después, el placer se convierte en frustración, arrepentimiento y malestar general, pero no hay que olvidar que de primeras existe el placer.
 
Son muchas las promesas que se nos hacen a la hora de iniciar un nuevo a ataque a nuestros kilos, pero no debemos seguir engañándonos, hacer una dieta implica un esfuerzo, y una dedicación y tiempo que tenemos que estar dispuesto a sacrificar, si no se esta preparado para ello, debemos apuntarnos un nuevo fracaso. 


Si queremos tener éxito en nuestro próximo intento de acabar con nuestro kilos, debemos tener en cuenta lo dicho, pero teniendo en nuestra cabeza un plan de acción en el que la temporalidad debe marcar nuestro entusiasmo. Hacer dieta tiene que ser cosa de un tiempo, para que el resto de nuestra vida este ausente de dietas, y se convierta en un cuidado permanente a nuestro estilo de vida. Estilo de vida que debe cambiar en aquello que le damos prioridad en la mesa, y sobre todo en nuestros hábitos saludables de deporte, sueño, estado emocional, y como no, en la práctica de mi músculo preferido, el músculo de la resistencia, que es ese músculo que nos garantizará el éxito en muchas cosas que nos propongamos. 

jueves, enero 14

NUEVO AÑO, VIEJOS PROPÓSITOS!!!

Nadie se libra, superar la Navidad sin engordar es complicado, el exceso de consumo de dulces, comidas copiosas, alcohol y demás caprichos culinarios en demasía, pasan factura.

Quitarnos esos kilillos de más está casi siempre dentro de los propósitos que nos apuntamos mentalmente cada año.

Pero es momento de hacer una parada y plantearse si realmente vamos a cumplir nuestro propósito, debemos ser objetivos y consecuentes con una realidad, y esa realidad referida a nuestro peso, está relacionada con que es muy posible que cada año, ponga en mi lista de deseos el mismo propósito (bajar el peso), pero que lleve años arrastrando el saldo de ese objetivo sin el más mínimo cambio. ¿Qué podemos hacer ante ésta realidad?

Yo os animo a que antes de nada hagáis una reflexión sobre ello, y os preguntéis y cuestionéis el asunto de forma diferente. Si algo no ha funcionado durante años, no os empeñéis en dar más dosis de lo mismo, buscar formas diferentes.

¿Qué hago cada año para intentar bajar el peso?¿Me funciona?
¿Es realmente para mi una prioridad reducir mi peso?
¿Estoy realmente dispuesto/a a realizar un esfuerzo para conseguirlo?
¿Tengo tiempo y ganas para este propósito?
¿Cómo voy a organizarme?
¿Qué fecha límite me voy a poner?
¿Qué motivo me impulsa a ello?
¿Quiero un cambio momentáneo o un cambio para siempre?

Estas y otras muchas preguntas deben formar parte de esa reflexión previa al inicio del replanteamiento de nuestro viejo objetivo. Si no hay respuestas a estas preguntas, o las mismas son vagas o flojas, te animo a que te hagas ésta pregunta: ¿Y si me planteo simplemente quedarme como estoy?

Si finalmente hemos decidido que este año si vamos a coger el toro por los cuernos, y será nuestro último intento, porque ahora de verdad vamos a hacer verdaderos cambios para conseguir nuestro propósito, debemos marcarnos objetivos realistas, y objetivos a corto y largo plazo,  que nos permitan conseguir la meta final.

El secreto es un verdadero cambio de hábitos en todos sus sentidos: buenas costumbres de nutrición, deporte, descanso, reducción de estrés, etc. Todo ello mantenido en mayor o menor medida a lo largo de la vida.

Debemos aprender a convivir con la comida y con nuestro entorno. Además de incluir en nuestro día a día, el deporte de forma regular, como si de lavarse los dientes se tratara.
No hablo de hacerse un deportista de élite, sino incluir en nuestro tiempo (al menos 3 días a la semana), un deporte acorde a los gustos y necesidades de cada persona, desde pasear, montar en bici, nadar, bailar, etc…

Soy consciente de que no resulta fácil realizar estos cambios, máxime cuando llevamos toda una vida haciendo o no haciendo las cosas de forma diferente, pero si realmente queremos alcanzar ese propósito tan deseado, y garantizarnos una vida saludable para siempre, debemos aprender a ser organizados dentro de nuestro pequeño caos de vida, y no perder de vista nuestra meta. 
Una de las ventajas que vamos a ir obteniendo, es que cuanto más tiempo llevamos con nuestros NUEVOS HÁBITOS, menos nos costaran llevarlos a cabo y poco a poco se irán instaurando en nuestro vida hasta que se hagan nuestros.

Que la suerte no haga falta, y que tus logros alimenten tu motivación.