jueves, febrero 8

Otros aspectos de la obesidad

Desde hace años el tratamiento para la obesidad se ha basado en dos pilares fundamentales: los planes de alimentación hipocalóricos y la incorporación de la actividad física; basados en las investigaciones que sugieren que los factores causales asociados al desarrollo de obesidad son la ingesta excesiva de calorías y patrones de conducta sedentarios. Este disbalance entre la energía que ingresa y lo que se gasta genera un sobrante de energía que se deposita en forma de grasa en los tejidos del organismo. Aún hoy, son muchos los profesionales de la salud que basan el tratamiento solo en estos principios.

Pero esta es una mirada reduccionista, La modificación de hábitos alimentarios y los patrones de actividad física son esenciales para bajar y mantener un peso saludable, pero para ser sostenidos en el tiempo es necesario prestar atención a otras variables.
Aunque muy poco considerados, los aspectos psicológicos y familiares juegan un papel decisivo en la producción y mantenimiento de la obesidad, y por lo general nunca se abordan.

Estos factores psicológicos, precipitan y perpetúan el consumo exagerado de alimentos (una alimentación excesiva para lo que son las necesidades energéticas personales) y deben ser tomados en cuenta si se pretende mantener un peso, luego de haber alcanzado el peso deseable. El abordaje y tratamiento de las características psicológicas es de fundamental importancia, pues de lo contrario la persona no es capaz de comprometerse adecuadamente con el tratamiento y en general tiene mayor dificultad para bajar de peso y/o mantenerlo.

Este conjunto de emociones y comportamientos que se vinculan con la sobrealimentación, generalmente se presentan en combinaciones más o menos complejas y son diferentes para cada persona. Es tan elevado el número de variables que influyen en una persona, y en concreto en que un determinado ser humano padezca de obesidad, que bien se puede decir que existen tantos casos de obesidad como obesos.

De ello se desprende, la necesidad del trabajo interdisciplinario para atender a cada uno de los detalles que inciden en esta problemática.
Algunas alteraciones son específicas y pueden encontrarse con relativa frecuencia en personas obesas, aunque sin ser patognomónicas de la enfermedad. Pero también existen otras que pueden estar presentes y dificultar el tratamiento para quienes intentan adelgazar y mantener un peso adecuado.

Algunos autores consideran los factores psicológicos como causantes de la obesidad, otros creen que es una consecuencia de la discriminación social hacia el obeso. Lo cierto es que, en mayor o menor medida, están presentes y es fundamental su conocimiento e identificación para ser abordados si se quiere tener éxito en el tratamiento.

En la actualidad se están realizando investigaciones para determinar si en realidad existe una personalidad del obeso.

Es conocido que la obesidad se presenta como un síndrome conformado por factores etiopatogénicos diversos e interactuantes que se combinan en proporciones individuales de una persona a otra. Hasta el presente se han considerado la herencia genética, el sedentarismo, el comer excesivamente y las disfunciones metabólicas, pero se han descuidado los aspectos psicológicos y sociales.

No debe olvidarse que el ser humano es un ser bio-psico-social, y como tal obliga a que todas las terapéuticas sean enfocadas desde esta perspectiva, y el tratamiento de la obesidad no queda excluida. Por tanto, el aspecto psicológico de la persona debería ser incluido en el abordaje terapéutico, sobre todo considerando la cronicidad y complejidad de esta problemática.




Fuente: http://www.inppares.org/sites/default/files/ob05-02.pdf

viernes, enero 5

Nuevo año. Viejos propósitos!!

Nadie se libra, superar la Navidad sin engordar es complicado, el exceso de consumo de dulces, comidas copiosas, alcohol y demás caprichos culinarios en demasía, pasan factura.

Quitarnos esos kilillos de más está casi siempre dentro de los propósitos que nos apuntamos mentalmente cada año.

Pero es momento de hacer una parada y plantearse si realmente vamos a cumplir nuestro propósito, debemos ser objetivos y consecuentes con una realidad, y esa realidad referida a nuestro peso, está relacionada con que es muy posible que cada año, ponga en mi lista de deseos el mismo propósito (bajar el peso), pero que lleve años arrastrando el saldo de ese objetivo sin el más mínimo cambio. ¿Qué podemos hacer ante ésta realidad?

Yo os animo a que antes de nada hagáis una reflexión sobre ello, y os preguntéis y cuestionéis el asunto de forma diferente. Si algo no ha funcionado durante años, no os empeñéis en dar más dosis de lo mismo, buscar formas diferentes.

¿Qué hago cada año para intentar bajar el peso?¿Me funciona?
¿Es realmente para mi una prioridad reducir mi peso?
¿Estoy realmente dispuesto/a a realizar un esfuerzo para conseguirlo?
¿Tengo tiempo y ganas para este propósito?
¿Cómo voy a organizarme?
¿Qué fecha límite me voy a poner?
¿Qué motivo me impulsa a ello?
¿Quiero un cambio momentáneo o un cambio para siempre?

Estas y otras muchas preguntas deben formar parte de esa reflexión previa al inicio del replanteamiento de nuestro viejo objetivo. Si no hay respuestas a estas preguntas, o las mismas son vagas o flojas, te animo a que te hagas ésta pregunta: ¿Y si me planteo simplemente quedarme como estoy?

Si finalmente hemos decidido que este año si vamos a coger el toro por los cuernos, y será nuestro último intento, porque ahora de verdad vamos a hacer verdaderos cambios para conseguir nuestro propósito, debemos marcarnos objetivos realistas, objetivos a corto y largo plazo,  que nos permitan conseguir la meta final.

El secreto es un verdadero cambio de hábitos en todos sus sentidos: buenas costumbres de nutrición, deporte, descanso, reducción de estrés, etc. Todo ello mantenido en mayor o menor medida a lo largo de la vida.

Debemos aprender a convivir con la comida y con nuestro entorno. Además de incluir en nuestro día a día, el deporte de forma regular, como si de lavarse los dientes se tratara.
No hablo de hacerse un deportista de élite, sino incluir en nuestro tiempo (al menos 3 días a la semana), un deporte acorde a los gustos y necesidades de cada persona, desde pasear, montar en bici, nadar, bailar, etc…
Soy consciente de que no resulta fácil realizar estos cambios, máxime cuando llevamos toda una vida haciendo o no haciendo las cosas de forma diferente, pero si realmente queremos alcanzar ese propósito tan deseado, y garantizarnos una vida saludable para siempre, debemos aprender a ser organizados dentro de nuestro pequeño caos de vida, y no perder de vista nuestra meta. 
Una de las ventajas que vamos a ir obteniendo, es que cuanto más tiempo llevamos con nuestros NUEVOS HÁBITOS, menos nos costaran llevarlos a cabo y poco a poco se irán instaurando en nuestro vida hasta que se hagan nuestros.

¡Que la suerte no haga falta, y que tus logros alimenten tu motivación!!

viernes, octubre 13

Cultivar la capacidad de decir NO



“Cultivar la capacidad de decir <<NO>> cuando queramos, es aumentar la capacidad de decir <<NO>> también a los atracones. Aprender a decir <<NO>> es similar a ejercitar un músculo que se vuelve más fuerte con la práctica”. 

Al igual que muchas otras cosas en nuestra vida, la forma en la que comemos, donde lo hacemos, que alimentos preferimos, y sobre todo que control tenemos sobre ellos, está muy relacionado con nuestros hábitos, costumbres y vivencias desde la infancia.
Al igual que somos capaces de crear hábitos que nos benefician y que nos hacen bien a nuestra salud (ej. Lavarnos los dientes…), y que los realizamos casi de forma automática, con mayor o menor ganas, podemos crear hábitos negativos que se vuelven en rituales difíciles de paliar.
Son muchos esos pequeños rituales, que, aunque por sí mismo no son dañinos, la repetición de los mismos si puede causarnos deseos indeseados, como ejemplo, muy común referido a la alimentación, están esos pequeños momentos en la cocina, en los que disfruto de un picoteo variado y una copita de vino en lo que se prepara la cena familiar, seguro que muchos ya estamos salivando sólo de pensarlo. Este pequeño ritual, que en sí no es negativo, se vuelve un gran obstáculo cuando se pretende corregir el aumento de peso. 

Es fácil identificar que se come en las comidas principales e incluso llegar a la idea de que se está comiendo acorde con las necesidades energéticas, pero es muy difícil descubrir, lo que verdaderamente ingerimos, cuando tenemos costumbres habituales como la descrita.  
Hay muchos más momentos llenos de estos rituales, algunos casi inapreciables, por el tiempo que llevan con nosotros, otros muy visibles, (llego del trabajo y siempre voy directa a la cocina).
Tanto unos como otros son complejos en su eliminación, o al menos transformación, pero todo pasa por cambiar ese Hábito-Ritual, y convertirlo en otro que no nos impida nuestros objetivos con el peso, y que podemos encajarlo y disfrutarlo en nuestra vida.
No hay milagros mágicos para ello, pero todo pasa por EJERCITAR EL MUSCULO DEL CONTROL.
Y cuando hablo de control, no quiero que se asocie a vivir en los extremos absolutos de CONTROL-DESCONTROL, nada más lejos de mi idea, ya que siempre he dicho, que en la vida, siempre es mejor vivir en términos grises, aun cuando pueda sonar conformista, no es lo que quiero trasmitir, sino, aquella idea, que está más relacionada con tomar las riendas de nuestra vida, y decidir bajo el control propio, cuándo como o dejo de comer algo. YO DECIDO

Conseguir esto, es generar NUEVOS HÁBITOS, y ¿cómo se genera un hábito?, pues repetir, repetir, repetir….. hasta que llegue un momento que este salga solo. 

Siempre digo a mis clientes: Los pequeños descuidos continuados en el tiempo nos llevan a situaciones no deseadas en el peso, pero también, los pequeños cuidados continuados en el tiempo nos llevan a estar como queremos estar. TU ELIGES.

domingo, septiembre 10

SÍ, SÉ QUE DEBO PERDER PESO… PERO YO ODIO PERDER




Mafalda siempre ha sido una niña aventajada a su edad, y con una forma de estar en el mundo, curiosa, irónica y muy rebelde. Hoy subo una de sus frases veraniegas, que a buen seguro algún consuelo hemos encontrado alguna vez en su lectura. Pero me gustaría llevarle un poquito la contraria a Mafalda, para darle una nueva lectura a su frase: “SÍ, SÉ QUE DEBO PERDER PESO… PERO YO ODIO PERDER”. 

Yo me pregunto ¿Odiamos perder?, pues sí, la perdida, quizás sean una de las situaciones vitales con la que convivimos diariamente y que en su mayoría tanto nos cuesta superar y afrontar, especialmente cuando hablamos de pérdidas importantes, como personas queridas. También llevamos con bastante desasosiego, la perdida de situaciones profesionales, económicas y, hasta de objetos, ¿Quién no ha perdido el móvil alguna vez?, esos momentos de incertidumbre, de sentirme desnudo por quedarte sin todos esos contactos que tan necesarios pensábamos son en nuestra vida. Pero ¡ZASCA! no pasa mucho tiempo, cuando recobramos la normalidad, y a veces hasta esa limpieza agendil nos ha venido un poquito bien, volvemos a completar nuestra agenda con las personas que realmente están en este momento en nuestra vida. 

Pero volviendo a la frase de Mafalda: “SÍ, SÉ QUE DEBO PERDER PESO… PERO YO ODIO PERDER”. Estoy segura de que, si paso un ratito filosofando con Mafalda, llegaríamos a la conclusión de que cuando hablamos de determinadas perdidas, perder puede representar ganar, porque al igual que nuestra nueva agenda del móvil, queda mucho más actualizada, también nuestra nueva calidad, de vida después de perder unos quinillos, puede marcar una diferencia en el bienestar físico, y cómo no, en el psicológico, con todo lo que conlleva. 

Son muchas veces las que escucho en mi consulta (con gran halago y placer), que esa persona que tengo delante y que ya ha perdido unos cuantos kilillos, está ganando en confianza, por conseguir lo que antes no había podido, en salud por comenzar a cuidar su alimentación, en autoestima por sentirse dueña de su vida, sentirse más bella por fuera y por dentro. Todo esto, hace un efecto bola, que arrastra a su paso con el entorno familiar, laboral y social, porque cuando uno se encuentra bien, brilla con otra luz, y esto no pasa desapercibido para aquellos que nos rodean. 

Así que bueno, quizás, sólo quizás, a veces, perder es ganar.