miércoles, julio 25

¿CÓMO CONTROLAR EL ANSIA POR LA COMIDA?: ESTRATEGIAS DE ENTRENAMIENTO PSICOFISIOLÓGICO

El ansia por la comida es una experiencia normal no asociada necesariamente a conductas alimentarias patológicas. Sin embargo, en ocasiones, este deseo irresistible de consumir un determinado alimento puede convertirse en un antecedente inmediato del atracón. Los factores que tradicionalmente se han propuesto como posibles desencadenantes del atracón han sido los afectos negativos y la práctica de dietas restrictivas. No obstante, la mayoría de estudios realizados basados en medidas verbales no han podido establecer relaciones causales entre dichos factores y el atracón. Actualmente, estudios experimentales basados en medidas psicofisiológicas están permitiendo conocer cuáles son los mecanismos motivacionales implicados en el ansia por la comida, así como las complejas interacciones entre restricción, emoción, ansia y atracón. El presente trabajo resume los avances en el campo de la investigación básica que están abriendo nuevas vías para la prevención y el tratamiento psicológico de la bulimia nerviosa (BN).


El ansia patológica por la comida que precede a los atracones en mujeres con BN se vive como una reacción irracional e impulsiva. Esta experiencia subjetiva, se traduce a nivel cerebral en un fallo inhibitorio de los sistemas corticales responsables de la toma de decisiones y del control de la conducta sobre los sistemas subcorticales, responsables a su vez de la expresión de emociones tanto positivas como negativas (Robinson y Berridge, 2003). De esta forma, una disminuida actividad cortical (p.e. lóbulo prefrontal) puede incrementar la actividad subcortical (p.e. sistemas dopaminérgicos) haciendo más probable el aumento del ansia por la comida y la disminución del control de la ingesta de alimentos como ocurre en bulimia nerviosa.


A su vez la comida, de igual forma que la droga, pero con menor intensidad, puede llegar a sensibilizar los sistemas dopaminérgicos inhibiendo a la corteza prefrontal dando lugar a las respuestas más irracionales e impulsivas. Pero no sólo el consumo de comida y los estímulos contextuales y emocionales relacionados con el mismo (p.e., el abandono de la dieta), sino también los sucesos estresantes de la vida cotidiana que causan ansiedad (p.e. un conflicto personal o laboral) pueden provocar una sensibilización crónica de las áreas subcorticales que se encuentran a la base del impulso por la comida haciendo de nuevo más probable el aumento del ansia por la comida y, en última instancia, el aumento de la vulnerabilidad a sufrir los atracones típicos de BN.


Este fallo en el control inhibitorio entre sistemas corticales y subcorticales como responsable de la pobre regulación cognitiva y emocional que caracteriza al ansia por la comida recibe actualmente apoyo gracias a un índice autonómico como es la variabilidad cardiaca. Thayer y Siegel (2002) han propuesto un modelo de integración neurovisceral en el que toda una red de estructuras corticales -implicadas en la regulación autonómica y emocional- se relacionan con la variabilidad de la tasa cardiaca a través de las conexiones que van desde el córtex prefrontal a los sistemas subcorticales (amígdala) y de estas estructuras a las neuronas simpáticas y parasimpáticas que inervan el corazón a través del ganglio estrellado y el nervio vago.


De hecho, se ha encontrado una variabilidad cardiaca reducida en muchos de los trastornos asociados con un fallo del control inhibitorio del eje Hipotálamo-Pituitario-Adrenocortical como la depresión, la trastornos de ansiedad, la esquizofrenia y el estrés crónico (Brosschot, Pieper y Thayer, 2005; Thayer, en prensa), incluidas las patologías caracterizadas por una falta de control de impulsos, como las adicciones y el ansia por el chocolate (Rodríguez y cols., en prensa; Thayer y cols., 2006). Por todo ello, el déficit en la regulación emocional, fisiológica y conductual reflejado en la baja variabilidad (a nivel fisiológico) y en el ansia por la comida (a nivel emocional) puede aumentar la vulnerabilidad a sufrir atracones (a nivel conductual) (Rodríguez, 2005).


Por estas razones, actualmente el entrenamiento para aumentar la variabilidad cardiaca a través de técnicas de biofeedback se ha propuesto como una potente herramienta preventiva y de tratamiento para ayudar a las personas a aprender y desarrollar habilidades de autorregulación y control que mejoren su salud física y emocional. Varios clínicos han encontrado que el uso de las técnicas de biofeedback para mejorar la variabilidad cardiaca son un buen complemento de los programas de tratamiento de trastornos somáticos asociados al estrés, la ansiedad y la depresión como la fibromialgia, la fatiga crónica, la hipertensión, el asma, los trastornos del sueño, la diabetes o las arritmias cardiacas (McCraty y Tomasino, 2004).

Además del biofeedback, existe gran número de técnicas no farmacológicas que pueden llegar a mejorar la variabilidad cardiaca tales como la terapia de campo mental, el entrenamiento aeróbico, el yoga, la meditación y la respiración abdominal. Perspectivas futuras de trabajo empleando diferentes estrategias para incrementar de forma preventiva la variabilidad cardiaca podrían ser efectivas al aumentar el control de impulsos y disminuir los estados de ánimo negativos que acompañan al ansia por la comida. Por tanto, las nuevas técnicas fisiológicas derivadas de la investigación básica podrían reducir el deseo irracional de consumir comida de forma emocional que provoca y caracteriza no sólo a la BN, sino también al trastorno por atracón que actualmente está superando de forma alarmante el número de casos de anorexia y bulimia nerviosa.