miércoles, octubre 22

Estrés, comida y emociones, una combinación peligrosa



Son muchas las personas que siguen luchando para mantener una dieta saludable y mantenerse en forma. Aunque sabemos lo que se supone que debemos comer, hay otros factores que influyen en la cantidad y el tipo de alimentos que consumimos. Uno de estos factores es el estrés, que se vincula directamente a un aumento de la alimentación emocional. 
El comer emocional tiene muchas causas. Las siguientes son algunas de las razones principales por las que comemos sin hambre: 

- Los antojos de cortisol: El estrés puede provocar aumento de los niveles de cortisol, conocido como la “hormona del estrés“. El cortisol tiene una función beneficiosa en el cuerpo, pero los niveles excesivos de cortisol provocados por el estrés crónico pueden causar una serie de problemas en el organismo. Entre otras cosas, los niveles elevados de cortisol pueden crear antojos de alimentos dulces y salados. Este mecanismo que pudo ser evolutivamente útil para el ser humano, se ha convertido en la actualidad en una de las principales razones del exceso de peso en la sociedad occidental. 

- El comer Social: A menudo las personas que están bajo los efectos del estrés buscarán apoyo social, lo cual es una gran manera de aliviar el estrés. Por desgracia para la dieta, cuando la gente se reúne, suele ser para una buena y a menudo copiosa comida. Las formas sociales de comer emocional pueden hacer que te sientas mejor en el corto plazo, pero seguro que lo lamentarás más tarde. 

- La energía del nerviosismo: Cuando estamos estresados ​​o ansiosos, muy a menudo nos convertimos en “oralmente inquietos“. A veces esto lleva a mordernos las uñas o rechinar los dientes, y otras veces nos conduce a comer sin hambre. Es un efecto típico del nerviosismo o el aburrimiento. 

- Los hábitos de la infancia: Muchos de nosotros tenemos reconfortantes recuerdos de la infancia que giran alrededor de la comida. Ya sea que tus padres te recompensaran con dulces, arreglaran sus meteduras de pata con un helado, o hicieran tu comida favorita para celebrar tus éxitos, probablemente estarías en minoría si durante tu infancia no has llegado a desarrollar alguna asociación de base emocional a los alimentos. 

Cuando llega el estrés, pocas cosas pueden ser tan poderosamente reconfortante como tu comida favorita. Debido a que muchas personas no llegan a desarrollar estrategias más efectivas, este tipo de comer emocional es muy común: la gente come para celebrar, come para sentirse mejor, come incluso para lidiar con el estrés de tener sobrepeso. 

- Calmar las emociones: Otra de las razones emocionales por las que muchas personas comen es tranquilizar emociones desagradables. Las personas que se sienten incómodas con la confrontación pueden lidiar con las frustraciones de su matrimonio con un pedazo de tarta, por ejemplo, en lugar de con una comunicación abierta. Los alimentos pueden convertirse en el foco de la ira, el resentimiento, el miedo, la ansiedad, y una multitud de otras emociones que preferimos no sentir. 

Si bien hay muchas razones para el comer emocional, y es un accesorio común en nuestra sociedad, no es necesariamente bueno para nosotros. Si eres un comedor emocional, es importante que seas consciente de ello, estar atento a los factores desencadenantes, y desarrollar algunas técnicas de manejo del estrés y habilidades de afrontamiento eficaces para que tu cuerpo se mantenga saludable, en lugar de sentirse fuera de control. 

 

Fuente: http://psicopedia.org/864/estres-comida-y-emociones-una-combinacion-peligrosa/

jueves, agosto 21

¿Por qué nos es tan difícil cambiar de hábitos?

Casi todos los días pensamos en que debemos cambiar algo: comer mejor, hacer deporte, dejar de fumar o retomar las clases de inglés son algunas de las tantas metas que queremos alcanzar. Pero, ¿por qué la mayoría de las veces se convierten en promesas incumplidas o de corta duración? La clave está en los hábitos.

 

A lo largo de la vida vamos incorporando conductas regulares con las que podemos sentirnos a gusto o no. Generalmente forman parte de un proceso inconsciente, automático y veloz: comienzan como respuesta ante una necesidad y al adoptarlas con periodicidad el cerebro se acostumbra y las termina convirtiendo en un hábito.

Un nuevo estudio publicado en el boletín de la Sociedad de Psicología Individual y Social explica que es precisamente este funcionamiento neuronal el que vuelve tan difícil desarraigarse de estas conductas, por más que intentemos lo contrario. Según la investigación liderada por Wendy Wood, del Departamento de Psicología de la Universidad del Sur de California, cerca del 40 por ciento de las actividades que las personas realizan a diario se corresponden con la misma situación y contexto.
 

A diferencia de lo que muchos creen, el no lograr modificar los hábitos no siempre está relacionado con falta de predisposición o interés, sino que tiene que ver con reacciones propias del cerebro. En principio se derivan de una elección consciente que tomamos para hacer frente a determinado estímulo o disparador. En esta etapa entran en funcionamiento los ganglios basales, que son parte de la corteza prefrontal y están involucrados en la toma de decisiones. El cambio se produce cuando, al reiterar la conducta, la información se desplaza al motor sensorial y provoca una respuesta inmediata según las representaciones ya almacenadas. En esta instancia, el cerebro no asocia objetivos y resultados sino que repite el comportamiento anterior.
 

Wood explica que los hábitos comienzan a desarrollarse ante una necesidad y terminan siendo el resultado de un aprendizaje de asociación que demora entre 15 y 254 días. 

Esto revela por qué son comportamientos inconscientes, que generalmente no podemos identificar cómo ni por qué los tenemos….
 

Cómo modificar conductas negativas 

Que el hábito sea una respuesta a nivel mental no quiere decir que sea imposible de cambiar. Como explica el periodista Charles Duhhig en su libro El poder de los hábitos, nuestro cerebro es un órgano maleable que puede aprender constantemente y así reemplazar conocimientos ya adquiridos.
 

Por su parte, Wood asegura que existen tres principios básicos para revertir estos comportamientos: 

Reemplazar el contexto: Cuando el cerebro recibe señales diferentes deja de actuar de manera mecánica para procesar la nueva información. Una mudanza o un cambio de trabajo es el escenario perfecto para eliminar conductas viejas y adquirir nuevos comportamientos. También se puede recurrir a cambios más pequeños, como por ejemplo reemplazar algunos alimentos de lugar para consumirlos de manera consciente.
 

Repetir nuevos patrones: Cambiar un hábito requiere de una nueva conducta. A medida que respondemos de otra manera ante un estímulo o disparador, el comportamiento anterior se irá reemplazando por el que queremos.
 

Promover señales estables: Aprender un hábito requiere de conductas más o menos estables para que el cerebro almacene la nueva información. Lo ideal es repetir el comportamiento en un contexto específico que permita cierta asociación.  

Ahora que ya sabes cómo funcionan los hábitos: ¿pondrás en práctica estos consejos?, ¿qué conducta te gustaría cambiar?

 

 

 

Fuente: http://noticias.tudiscovery.com/por-que-nos-es-tan-dificil-cambiar-de-habitos/

viernes, febrero 21

Algunas claves que se deben tener en cuenta si se desea terminar por una vez por todas contra la batalla de la dieta.

Mentalizarse. El éxito de una dieta para adelgazar pasa por mentalizarse de que se trata de un cambio de hábitos alimenticios, físicos y psicológicos de por vida. No sólo durante el tiempo de dieta para reducir el peso, sino que éstos deben mantenerse para siempre. Por ello se hace preciso que tanto la dieta como todos los cambios necesarios sean adaptados a cada persona y fáciles de sostener a lo largo de la vida. Dietas especialmente estrictas o complicadas de realizar son candidatas de abandono.

 La motivación divina. No hay que esperar a que una especie de fuerza externa nos impulse a iniciar o mantener una dieta, ni tampoco comenzar en base a una fecha (primero de año, primavera, el lunes…).  La motivación hay que alimentarla, y su mejor alimento es la obtención de resultados, comprobar como cada semana el peso va disminuyendo, es lo que nos dará la fuerza de voluntad necesaria para seguir adelante, pero hay que recordar siempre que nadie va a hacer la dieta por nosotros, y que es nuestra responsabilidad mantenernos alerta para no sucumbir a los innumerables acontecimientos y tentaciones que continuamente nos rodean. Para ello es clave tener siempre presente que es un periodo temporal, en el que mas que pensar que tengo prohibido comer determinados alimentos, es una elección personal no comerlos para conseguir un objetivo mayor que el placer extremadamente corto de saborear el alimento preferido.
Contar con el apoyo de los que nos rodean es importante, pero en la mayoría de los casos, el entorno mas que ayudar dificulta el seguimiento de cualquier dieta, seguro que para muchos son conocidas frases como “por un poco no pasa nada”, “por una vez no pasa nada, luego lo compensas”…
Hablar seriamente con estas personas y explicarle lo importante que es para vosotras/os su apoyo, facilitará enormemente el seguimiento de la dieta.  

Metas realistas. Dependiendo de cuánto tiempo llevamos con esos kilillos de más, nuestra edad, nuestro cambio de vida, etc…se deberá establecer la meta a conseguir, no debemos obsesionarnos por conseguir meternos en la talla de hace años, hay que establecer metas que podamos alcanzar, metas que siempre deben ser ajustadas a nuestra edad y tipo de vida.
También es importante establecer metas flexibles, donde se tenga en cuenta posibles recaídas (que no abandonos), y eventos emocionales de nuestra vida que pueden surgir y afectarnos negativamente en la consecución de nuestro objetivo.  

Falsas creencias. Es importante tomar conciencia de la cantidad y tipo de alimentos que una persona está ingiriendo, en muchas ocasiones escucho frases del tipo: “si yo no como tanto”, frase que es totalmente cierta para la persona que la dice, sobre todo porque en la mayoría de las veces no hay conciencia sobre ello.
Un breve cuestionario, donde se anote durante un tiempo la cantidad y tipo de alimentos ingeridos, basta para que la persona tenga conocimiento de que lo que pensaba, y la realidad, están algo alejadas.  

No intentar lo que ya se ha intentado y ha fracasado. Nos pasamos mas de media vida probando soluciones que ya han fracasado multitud de veces, no solo nos pasa en lo referido al intento de dietas, sino también en otros asuntos de nuestra vida. Hacer una breve lista de todo lo que se ha intentado hasta el momento y que ha fracasado, es la clave para no volver a repetir los mismos errores, cualquier intento de solución tiene que pasar por algo nuevo, algo no intentado.  

El ejercicio es fundamental en cualquier dieta saludable. Además de los beneficios de sobra conocidos de la práctica del deporte, la actividad física es clave para perder peso y cambiar la grasa que "nos sobra" por fibra y músculo. Cuando hablo de deporte, no hablo necesariamente de inscribirse en actividades que nunca hemos hecho o que incluso no nos gustan, sino de actividades acorde a nuestra forma de vida, edad y preferencias, a veces, basta con salir a pasear.
 
Disfrutar aun más de los caprichos. Tener siempre presente, que una vez conseguido el peso deseado se podrá volver a comer aquellos alimentos que tanto nos gustan, pero con moderación.
Evidentemente, volver a nuestra alimentación anterior, sería también volver a nuestros kilos de más, por ello, una vez aprendidos los hábitos saludables se deben seguir espaciando los caprichos.
Con ello tendremos un doble disfrute, comer aquello que tanto nos gusta, y seguir manteniendo nuestro peso, además de sentirnos orgullosos/as por haber conseguido tener la capacidad de decidir cuándo y cuánto voy a comer de ese alimento capricho que antes era incontrolable.